Y me dices " Siéntate conmigo, enana" y te sigo y me siento en el autobús, a tu lado, y nos miramos, y aunque no haya nada de qué hablar, hablamos, y me cuentas cosas, cómo de dónde sacaste tus zapatos rotos, de cómo te vas a cortar el pelo, y que si yo quiero que tu me rapes la cabeza; mientras suelto una carcajada y te tacho de loco; mientras me arreglas la tarde y me sacas mil sonrisas en unos treinta minutos escasos, y cuando dices "Que hoy me bajo en Felipe! " y nos bajamos del autobús y sueltas cualquier cosa ,cualquier tontería para que me ría, nos sentamos, te miro, me miras y, sacas tu cigarro y tu clipper, te enciendes el piti y como estamos tan cerca, el humo se me queda impregnado en el pelo, en la ropa, un olor que me recuerda a tí, a tus ojos verdes, a tu pelo negro, a tu piercing y a tus rastas negras mal hechas.
Y cuándo no podía ir mejor, dices " Bueno chavala, que me piro por ahí"
señalando la otra dirección hacía la que yo me dirigía, y me sonríes
por última vez en el día, y te vas, con tus andares de pingüino, con tus
cascos rojos, medio rotos, mientras el rap se mete en tus tímpanos,
y te das la vuelta me miras, y te piras./

No hay comentarios:
Publicar un comentario